lunes, 21 de septiembre de 2015

El atasco en un bajante

Me quedé sorprendido hace unos días, leyendo una noticia en un periódico local, en la que informaban sobre el gravísimo problema que suponen las toallitas higiénicas húmedas, que casi todos nosotros usamos y arrojamos a diario por el inodoro.

A diferencia del papel higiénico, las toallitas húmedas (me refiero a las que se usan tanto para la higiene de bebés, como las de uso íntimo o las normales que venden en cualquier supermercado), no están hechas de papel o celulosa, sino de tejido sin “tejer”. O sea, que es tejido (una especie de tela), que ha sido prensada con un sistema específico.

El problema es que mientras que el papel se acaba por deshacer en el agua, las toallitas permanecen inalterables, de modo que causan importantes atascos en tuberías y sistemas de alcantarillado.

Al parecer, los Ayuntamientos sacan cada año, toneladas de toallitas y otros elementos no degradables de las redes públicas de evacuación de aguas.

Y por supuesto, son objeto de continuos problemas en edificios, urbanizaciones y comunidades de propietarios.

Hoy  precisamente he podido vivir de primera mano, un ejemplo de esas problemáticas e indestructibles toallitas.

Por ser el cumpleaños de mi hermano Pepe, fui a casa de mi madre a celebrarlo al mediodía. Llegué con 20 minutos de antelación sobre la hora prevista, porque odio llegar tarde a los sitios, y en lugar del esperado ambiente festivo, me encontré a la familia revolucionada y un impresionante despliegue de fontanería…

Al parecer, a primera hora de la mañana, se habían encontrado con un atasco muy serio en el inodoro, provocado por las dichosas toallitas.

Mi madre ya hace mucho tiempo que no tiene niños pequeños y no las usa, pero sí que tiene nietos y mi hermana Andrea pasa más tiempo en casa de mi madre con sus gemelas de 2 años, que en la suya propia… Y claro, pasó lo que tenía que pasar.

De tirar toallitas un día y otro, se acabó formando un buen tapón.

Para colmo, mi madre, intentó solucionarlo metiendo una fregona por el váter, que acabó desprendiéndose del palo y colándose por la tubería, hasta verse detenida por la muralla de toallitas…

Por suerte, llamaron por teléfono rápido al fontanero en Alicante, quien con ayuda de su equipo de profesionales y tras varias horas de duro trabajo, logró solucionar el problema por completo.

Yo creía que nos quedaríamos sin fiesta de cumpleaños, pero no.

La empezamos tres horas más tarde, pero al final pudimos disfrutar del evento.

Y no todos los días se cumplen cincuenta años, claro.

Le he pedido, de paso, una tarjeta al fontanero,  porque en mi casa no usamos toallitas húmedas, pero llevamos meses con un goteo inexplicable en el inodoro.

No es algo importante, pero sí muy molesto por la noche.

¿Alguna vez habéis oído, en el silencio de la madrugada, una gota de agua repiquetear sobre alguna superficie? Es desesperante, y ya he llamado a dos fontaneros que no han sido capaces de solucionarlo.

A ver si por fin tengo suerte, que este profesional me pareció muy eficaz y encima tiene buenos precios.

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